"La masa ya no busca consolación y exaltación en el arte, pero los refinados, ricos y desocupados, destiladores de quintaesencias, persiguen la novedad, la rareza, la originalidad, la extravagancia, lo escandaloso. Yo mismo, des del cubismo e incluso antes, he satisfecho a esos expertos y críticos dándoles todas las rarezas cambiantes que me pasaban por la cabeza y cuanto menos me entendían más me admiraban. Enseguida me hice famoso divirtiéndome con todos esos juegos, disparates, rompecabezas, jeroglíficos y arabescos. Y para un pintor, la fama significa ventas, ganancias, fortuna, riqueza. Y hoy, como ya sabe usted, soy famosísimo y rico, pero cuando me quedo solo conmigo mismo, no tengo valor para considerarme un artista, en el sentido magnífico y antiguo de la palabra. Giotto, Ticiano y Rembrandt sí fueron grandes pintores. Yo sólo alguien que entretiene al público porque ha comprendido los tiempos en que vive y explota al máximo la imbecilidad, la vanidad y la codicia de sus contemporáneos. Esta es una confesión amarga , más dolorosa de lo que le pueda parecer, pero tiene el mérito de ser sincera."
I si non e vero, e ben trobato. Perquè aquestes declaracions de Picasso a Giovanni Papini, publicades a l'intrigant Llibre Negre, s'han fet famoses arreu del món, encara que no són certes per molt versemblants que semblin i hagin confós a més d'un. Posen de manifest el dubte que planeja sobre la veracitat de l'art. Papini, controvertit i provocador, les atribuí al genial Picasso. I Davies, en un doble salt mortal, les dóna literalment per certes reproduint-les en una novel·la en què el protagonista, durant la II Guerra Mundial, falsificava obres d'art per vendre-les als nazis. I així, l'autor de Lo que arraiga en el hueso, sense desmentir les paraules de Picasso, les disculpa atribuint-les a "un mal moment" de l'artista.